En las primeras páginas de Castigo una madre espera el regalo de su hijo pequeño. Inesperadamente, lo que llega en una caja es la oreja del niño. La búsqueda del menor será el inicio de un montón de situaciones que se entrecruzan, que generan nuevos problemas y llevan a los protagonistas a límites insospechados.
Toda la novela parece escrita en el límite: un personaje se llama Iluminada, otro Pollito DJ, existe un señor que esconde documentación dentro de un preservativo introducido en su ano…
De lo que se trata es de eso, de jugar con el lector y que el lector entre en mi juego, el juego del escritor. Son pequeñas licencias que hacen que el lector se vea más implicado, que diga: ¡Venga, es un juego y voy a jugar! Quiero que tengan la sensación de estar metidos dentro del thriller, de caminar alrededor de los personajes. Que sientan el dolor, la risa, la rabia…

Intuyo que editar informativos a nivel nacional no es un trabajo relajado y, así a todo, vamos por el séptimo libro. ¿Por qué escribe?
Realmente yo vivo de la tele. Escribo porque me lo paso muy bien, porque desde que escribí el primer libro, otro juego, he descubierto que me gusta escribir. Y algo más peligroso: no dejo de ver historias en mi cabeza. Además, soy una persona que cuando siente las cosas, las siente con mucha intensidad. Todos los días cuento cosas muy duras en el informativo y escribir ficción es una manera de decir: bueno, cuento cosas duras pero son inventadas, por lo tanto no tengo que sufrir porque no son verdad.
Mi parte preferida del libro es cuando habla de la pareja que se conoce en un chat de ortografía.
Necesitaba que esos personajes se conociesen de manera virtual. En vez de caer en el tópico, que sería encontrarlos en un foro de Star Wars, decidí dar un triple salto mortal. ¿Por qué no pueden amar las comas? Esa pareja adora los signos de puntuación, una manera de escribir que se está perdiendo y que permite expresarse correctamente.
A veces parece una novela sin estructura, como que ha desparramado todas las piezas de un puzzle sobre la mesa.
Tiene mucho que ver con la manera con la que escribo. Yo escribo de una manera alocada, desestructurada, en la que no sé muy hacia dónde va a ir la novela. Por lo tanto, voy creando capítulos de aquí y de allá. Igual un capítulo es un trozo de una canción, otro capítulo es la historia de un personaje que no entiendes muy bien qué hace ahí, pero que luego cobra sentido. Y no sé por qué, de alguna manera, cuando acabo la primera versión, ese puzzle encaja y funciona.
Y en ese caos controlado nos lleva desde la puerta de Alcalá al océano Pacífico o a la Rumanía de Ceaușescu.
La felicidad, la rabia, la tristeza o el desamor están en todos lados. Todo nos une. Algo tan local como la puerta de Alcalá, que aparece en la cubierta del libro, o tan lejano como la Rumanía de Ceaușescu o a los barcos esclavistas del Pacífico. Todo está conectado en este mundo globalizado. Y todo tiene relación. El pescado congelado, que en España comemos tan barato, es gracias a que hay personas esclavizadas en barcos gigantescos en el Pacífico y en el Índico. Barcos que ni siquiera llegan a puerto porque otros barcos se acercan y descargan las bodegas. En este mundo globalizado debemos ser conscientes del precio real de lo global. Debemos cuidar lo local. Si queremos un producto a un precio irrisorio es a costa de esclavizar a las personas que lo producen. Como sociedad debemos reflexionar sobre esto.
La primera víctima de la novela es un niño de seis años y ha hablado de la huella que dejan en usted las tragedias que narra en el informativo. ¿Qué opina sobre la lucha de Patricia Ramírez en defensa de la memoria de su hijo?
La madre de Gabriel lo que pide es un poco de decencia. La entiendo y la acompaño, tratando siempre de contar su caso de la manera más respetuosa posible, evitando el morbo gratuito. Pero también te digo que, como periodista, entrevistaría al mismísimo diablo. Lo que pasa es que a una entrevista con el diablo hay que ir entrenado. Al diablo no puedes ir a hacerle una entrevista amable. Tienes que ir con muchas horas de preparación para mostrar el monstruo que es. Exponer su maldad ante el mundo y que él solo se crucifique gracias a las preguntas que tú le haces.
Castigo, la nueva novela de Carme Chaparro, ha sido publicada por Espasa. Las fotografías que ilustran esta entrevista son obra de Hugo G. Pecellín.





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