Mara tiene cuarenta y cuatro años, un marido y dos hijas adolescentes. Un fin de semana escapa a Madrid para regalarse algo de tiempo junto a su amiga Jimena. Pero el plan se complica y Mara acabará pasando el verano como fotógrafa de una banda indie y enamorándose de su cantante.
Otra tía escribiendo novela romántica. ¿Cuántas veces lo ha escuchado?
Muchísimas veces. Lo mismo que cuando me preguntan: ¿Cuándo vas a escribir otra cosa? ¿Y no te aburres de escribir romántica? ¿Por qué no pruebas otro género? A la novela romántica no se la trata con el debido respeto, pero yo no tengo pensado cambiar de género. Lo más curioso es que la romántica arrasa en ventas.
¿Cansada de disculparse?
¡Claro! Justificarse cansa. No es solamente la crítica de una parte de los lectores, lo peor son todos esos escritores que no se ponen al mismo nivel que una de romántica. Además, etiquetan a la lectora dentro de un perfil muy concreto. ¡No pueden estar más alejados de la realidad! Mis lectoras son de lo más diversas en edades, formación… No puedes etiquetar un grupo tan amplio en un solo concepto. Esa generalización no habla mal de la novela romántica, solo de los supuestos expertos en buena literatura.

Mara tiene una familia y más de cuarenta años. Las protagonistas de estas historias suelen ser más jóvenes y con una vida menos organizada.
El género romántico está plagado de protagonistas en una horquilla de los veinte a los treinta y cinco años. Me apetecía centrarme en una mujer que estuviese en otro proceso vital. Quería reflejar que la mujer sigue cumpliendo años y no por eso deja de sentir, desear e ilusionarse. Me apetecía contar una historia bonita, divertida, entretenida y de amor, pero de una persona mayor de lo que dice el género.
Supongo que no es lo mismo una novela romántica escrita ahora que hace diez años.
Las relaciones son las que han cambiado, no la romántica. La forma de tratarnos, de conocernos, de interactuar no son las mismas. La novela romántica contemporánea solo recoge las novedades que nos toca vivir.
Empieza a publicar en 2018 y esta es su novela número catorce. ¡Hay años que saca tres libros al mercado!
¡Y además tengo mi trabajo y llevo veintiún años en la misma empresa! Empecé a escribir en 2016. En 2018 cumplía cuarenta años y me animé a auto publicarme como regalo de cambio de década. Me lancé a esta aventura sin saber como iba a funcionar, pensando en venderle la novela a mis amigos y familiares, y funcionó muy bien. Gustó mucho la historia y yo continué escribiendo en una especie de vicio y terapia. Me gusta mucho sentarme a crear otras vidas. Y he tenido años muy buenos, muy productivos.

¿Cómo ayudan las redes sociales a los nuevos autores?
Tú antes te leías un libro y ya estaba. Lo podías comentar con algún amigo y, como mucho, igual ibas a una presentación si el autor aparecía por tu ciudad. A las veinticuatro horas de publicarse Mara, 22 canciones y un verano ya tenía el feedback de las lectoras. Las redes sociales han derribado esa barrera y recibes la información directamente.
Escribe sobre amor del bueno, ¿qué lo define?
Fue una frase que empleó mi primer protagonista masculino y que me sirve de lema para todas mis novelas. El amor del bueno es a ratos suave, a ratos salvaje. Llega sin avisar y arrasa con todo. Luego se asienta, sana, madura y crece, pero siempre mantiene un punto de intensidad. Las historias de amor del bueno comparten un único objetivo: hacerte sentir.
Mara, 22 canciones y un verano ha sido publicada por N de Novela.





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