La memoria infiel transcurre a lo largo de cinco días. En ese tiempo, Salomé debe regresar al pueblo y aceptar la muerte de su madre, con la que no mantenía relación desde hacía veinte años. Sabe que ha llegado el momento de enfrentarse al hecho de que quizá nunca fue buena hija, del mismo modo que su madre no resultó una buena madre.
Carmen Amoraga se adentra en una novela intimista para que nos hagamos preguntas tan esenciales como incómodas.
En 2010 fue finalista del Premio Planeta por El tiempo mientras tanto. En esa novela también hablaba de un conflicto, enquistado durante años, entre una una madre y una hija. ¿Por qué le interesa profundizar en el tema?
Yo he tenido un relación maravillosa con mis padres, pero nunca me había planteado hasta que punto desconocía a la persona que era mi madre. He sabido cosas de ellos, como que mi madre conoció a mi padre cuando le dio recuerdos de su novia, que era una compañera de trabajo. Pero nunca le he preguntado, ¿y qué pasó con tu amiga? No he tenido el interés de preguntarle diferentes cosas a la mujer que era mi madre. Porque mi madre era mi madre: una mujer que si estaba contenta era porque yo lo había hecho bien y si estaba enfadada también era por algo relacionado conmigo.
Cuando viví la maternidad como algo propio, me di cuenta que había despersonalizado a mi madre. Y, desde ese momento, empezó a obsesionarme la relación de desconocimiento que tienen muchas madres e hijas.
¿La familia es cuestionable?
Creemos que para tener una relación tóxica en el entorno familiar debe haber pasado algo gordísimo. A veces basta con no sentirte querido. Y para eso no es necesario que te agredan, no hace falta que entren delitos en acción. Los delitos son evidentes y, por desgracia, a veces suceden, pero no sentirte querido es la gota malaya.
Cualquiera ve a Salomé por la calle y no aprecia las heridas, sin embargo, las arrastra. Es complicado gestionar una herida que, para muchos desde fuera, no es más que una pataleta vital.

Porque los grandes dramas no son las tragedias.
La tragedia es un hecho terrible, pero puntual. La verdadera tragedia es haber pasado por la vida sin que la vida haya pasado por ti. Lo otro son desgracias. Creo que la tragedia más temible es que no te pase nada.
Muchas veces los escritores otorgan a sus personajes empleos sofisticados. Salomé es una chica que limpia, un ser humano sin adornos.
Si mirase por la ventana, seguramente estén pasando más mujeres de la limpieza que abogados rutilantes. Seguro. Sin embargo, todas las miradas se dirigirían al abogado porque la mujer de la limpieza es invisible. Con La memoria infiel traté de dignificarlas y de poner el foco en la doble moral que existe en muchas cosas, como en aquellos trabajos que suponen cuidado.

La novela es un volver a empezar, que diría Garci.
Salomé regresa al pueblo con una intención hasta espuria, por si la herencia supone una salida a la difícil situación económica que atraviesa. Y lo que encuentra es bueno. No se trata de un oasis, pero tampoco representa el horror que ella dejó. Lo que se encuentra son personas que le van ampliando la mirada. Si solo te fías de tus propios ojos, no estás viendo toda la verdad. Estás viendo tu verdad. Y la infidelidad de la memoria de Salomé estriba en lo que estriba la infidelidad de cualquiera de nuestras memorias: cuando recordamos algo no vamos al origen, vamos a la última vez que lo recordamos. Y eso hace que a veces se parezca bastante lo que recordamos a lo que ocurrió, pero a veces se parece como un huevo a una castaña.
Y a pesar de todo este sufrir, siempre trata de ofrecer un final esperanzador.
Diferentes estudios afirman que leer tiene infinidad de beneficios. A mí hay uno que me gusta especialmente porque dice que cuando estás muy metido en lo que estás leyendo, tu cerebro no discrimina si estás leyendo o estás viviendo. Y por eso creo que hay que lanzar mensajes esperanzadores. Las personas que escribimos novelas intimistas, desarrollamos historias espejo. Por eso, cuando estás viéndote reflejado en algo, es bueno que aspires a un final esperanzador.
Además, creo que hay que mirar la vida con esperanza siempre. Y la literatura que escribo imita a la vida que veo.
“La memoria infiel” ha sido editada por Espasa. Las fotografías que ilustran este reportaje son obra de Jeosm y Esto pasa en Galicia.





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