En su nuevo libro, Jaime Sempere viaja al París del siglo XIX para, desde una mirada contemporánea, reinterpretar la clásica novela gótica. Amor, asesinatos y fenómenos paranormales atraviesan Ellos y el tiempo, una ambiciosa propuesta repleta de inolvidables personajes construidos con solvencia.

¿Es usted una persona ambiciosa?

¡No, para nada!

Ellos y el tiempo es una novela ambiciosa.

Nunca lo diría. Es un homenaje a aquellos géneros que leía de niño. Sobre todo, a aquellos cuentos judíos y rusos que me contaba mi padre. Para mí, más que una novela es un juego.

Un homenaje a la literatura gótica del XIX, pero no una recreación de ese estilo.

Tiene toda la estructura de una novela gótica, pero también un poco de mala leche. En las novelas góticas los personajes LGTB solían ser, nunca explícitamente, los antagonistas. Todas esas tramas de chantaje, juegos y persecución del protagonista, las habría llevado a cabo un personaje homosexual, como en El tío Silas (1864) de J. Sheridan Le Fanu. Una novela gótica de la época jamás hubiese tenido una pareja homosexual como protagonista, por eso quise revertir el género y demostrar que se puede hacer algo distinto.

Son homo (sexuales), pero no practican sexo.

Existió la opción de escribir un capítulo centrado en la pasión, en la cama. Lo probé y rompía mucho el ritmo de la novela. Una escena erótica no se escribía igual en el siglo XIX que hoy en día. Quedaba cursi, repipi y destrozaba totalmente el ambiente.

La sociedad que presenta no está tan lejos de la actual. La imagen y la información están muy presentes en Ellos y el tiempo.

Desde la Revolución Industrial ha cambiado el entorno, pero nosotros seguimos siendo los mismos, seguimos luchando por las mismas cosas. En realidad es todo como un trampantojo: parece que ha cambiado todo, pero no ha cambiado nada.

Hay quizás también un homenaje a como cubrió la prensa el caso de Jack el Destripador, donde se sucedían las ediciones de los periódicos porque la gente quería saber más. La prensa de aquel momento era todo chisme porque no había una información veraz. Nada era verídico. En aquel momento, valía cualquier cosa con tal de vender un periódico.

A lo largo de toda la novela hay una clara labor didáctica por su parte.

Quizá por darle un contexto. Puedes contar algo, pero si el lector no está viendo ese pequeño detalle se pierde matices. Desde un punto de vista actual, si pensamos en París nos imaginamos la Torre Eiffel, pero en esta novela quedaban años para que se levantase. Es construir un París distinto. Fue complicado, porque se trata de romper la imagen que tenemos hoy en día de un lugar mítico.

¿Y cómo se viaja en el tiempo para construir ese mundo distinto?

A diferencia de los autores de antes, con el acceso a internet, las hemerotecas… es todo mucho más fácil. Para las reconstrucciones he analizando las postales de aquella época de las casa de subastas, los planos de las estaciones, las rutas de los trenes… ¿Cuándo se empiezan a instalar las primeras líneas de teléfono? Detalles nimios que hacen que la novela tenga coherencia.

Es difícil encasillarle como autor LGTBIQ+.

Es que el autor LGTBIQ+ tiene muchas facetas. Hoy en día están los autores que hablan solo del tema LGTBIQ+: salir del armario, tu primera relación… En todas mis novelas hay personajes LGTBIQ+ que forman parte de la sociedad. Mi madre me preguntó un día, ¿Cariño, por qué siempre es LGTBIQ+?

Porque es mi punto de vista, es mi entorno y mi mundo. Al final, en cierto aspecto, siempre hablas de ti.

«Ellos y el tiempo» ha sido editado por Egales.

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