Las comunidades que habitaron hace miles de años la región de La Mojana, en el Caribe colombiano, fueron capaces de construir uno de los sistemas hidráulicos prehispánicos más extensos conocidos gracias a la cooperación entre grupos familiares y sin depender de un gobierno centralizado.

Así lo concluye una investigación de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), la Universidad de Cambridge y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), cuyos resultados acaban de publicarse en la revista Communications Sustainability.

Por parte de la USC participa en el trabajo Miguel Carrero Pazos, profesor de la Facultad de Geografía e Historia, junto a Jasmine Vieri y Marcos Martinón-Torres, de la Universidad de Cambridge, y Fernando Montejo Gaitán, del ICANH.

La investigación cuestiona la idea tradicional de que grandes obras de ingeniería de este tipo solo podían ser desarrolladas por sociedades fuertemente jerarquizadas y dirigidas por gobernantes poderosos.

Los sistemas de campos elevados de La Mojana llegaron a extenderse por unas 500.000 hectáreas, una superficie comparable a la del Parque Nacional del Gran Cañón y aproximadamente tres veces superior a la extensión de Londres.

La red estuvo en funcionamiento desde los primeros siglos antes de Cristo hasta aproximadamente el siglo XI de nuestra era y estaba formada por canales, campos elevados o camellones y plataformas destinadas a viviendas.

Una enorme obra construida desde las propias comunidades

Hasta ahora, la enorme dimensión y complejidad del sistema había llevado a pensar que su construcción requería una estructura política centralizada capaz de movilizar a grandes grupos de trabajadores.

Los nuevos resultados apuntan, sin embargo, en una dirección muy diferente.

Según el equipo investigador, las propias comunidades locales pudieron organizarse para levantar estas infraestructuras en periodos de tiempo relativamente cortos mediante sistemas de cooperación colectiva.

El análisis estima que uno de estos conjuntos de canales y campos elevados podría haber sido construido en menos de dos meses, aproximadamente durante la mitad de una estación seca.

Esto supondría una inversión de trabajo considerablemente menor de la que se había calculado hasta ahora y perfectamente asumible mediante la colaboración entre los habitantes de la zona.

Las comunidades responsables de estas obras fueron contemporáneas de los mayas y de otras sociedades de Mesoamérica y los Andes que, siglos después, darían lugar a grandes estructuras políticas como los imperios azteca e inca.

Sin embargo, en la región de La Mojana no existen evidencias claras de sociedades estatales.

Los investigadores creen que los resultados refuerzan la hipótesis de que aquellas poblaciones adoptaron formas de organización más horizontales y, pese a ello, fueron capaces de desarrollar infraestructuras de enorme complejidad.

Un sistema para combatir inundaciones y sequías

La ingeniería hidráulica de La Mojana permitía regular las enormes cantidades de agua que recibía la región durante la temporada de lluvias y redistribuirla progresivamente durante los meses secos.

El sistema ayudaba así a reducir tanto el impacto de las inundaciones como el de las sequías.

Los canales trasladaban el agua desde masas permanentes hacia las áreas elevadas donde se encontraban los asentamientos. Al mismo tiempo, los campos elevados proporcionaban terrenos más fértiles para el cultivo durante la estación seca y probablemente favorecían también la captura de peces.

Para estudiar estas infraestructuras, los investigadores cartografiaron mediante imágenes de satélite alrededor de 500 hectáreas en el municipio de San Marcos, en el departamento colombiano de Sucre, una superficie equivalente a unos 700 campos de fútbol.

El trabajo permitió analizar las dimensiones y el volumen de 1.600 camellones y 63 plataformas habitacionales.

Los cálculos indican que, en el momento de su construcción, las estructuras alcanzaban aproximadamente 1,4 metros de altura desde la parte superior de los campos hasta el punto más profundo de los canales.

A partir de estos datos, el equipo desarrolló un nuevo método para calcular el volumen de trabajo necesario para construir el sistema.

Tomando como referencia una población aproximada de 1.600 habitantes, los científicos estiman que unas 800 personas podrían haber participado en las tareas.

La construcción se realizó, además, en condiciones especialmente difíciles, ya que los suelos de la región están formados por arcillas pesadas y las comunidades no disponían de herramientas metálicas como las palas actuales.

Una lección de hace siglos para afrontar la crisis del agua

La investigación no se limita a reinterpretar la organización de las sociedades prehispánicas. Sus autores consideran que estas antiguas técnicas podrían aportar soluciones frente a los actuales problemas de gestión del agua en Colombia.

La Mojana sigue siendo actualmente una región especialmente vulnerable a inundaciones y sequías, agravadas por el cambio climático, la agricultura intensiva y diferentes intervenciones sobre el territorio.

Durante las últimas décadas, las políticas de gestión hidráulica han apostado en numerosas ocasiones por la construcción de diques destinados a contener el flujo natural del agua.

Uno de los ejemplos es el dique de Caregato, que desde 2021 ha sufrido varias roturas que han ocasionado importantes pérdidas económicas y daños ambientales.

Frente a este modelo, el antiguo sistema prehispánico no trataba de bloquear completamente el agua, sino de distribuirla y aprovecharla de forma controlada.

Los investigadores consideran que la recuperación de soluciones inspiradas en estos sistemas podría organizarse desde las propias comunidades, aunque con apoyo económico y técnico de las administraciones.

El estudio forma parte del proyecto REVERSEACTION, financiado por el Consejo Europeo de Investigación (ERC) y coordinado desde la Universidad de Cambridge, que analiza cómo sociedades sin estructuras estatales desarrollaron tecnologías complejas mediante la acción colectiva.

Para los autores, los resultados muestran además la importancia de abandonar la idea de que las grandes obras del pasado tuvieron necesariamente que estar dirigidas desde estructuras de poder centralizadas.

Las comunidades indígenas prehispánicas, señalan, demostraron una notable capacidad de innovación, organización y cooperación y desarrollaron soluciones que, siglos después, podrían volver a resultar útiles para afrontar algunos de los grandes desafíos ambientales actuales.

Deja un comentario

Más noticias....

Descubre más desde Esto pasa en Galicia

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo