Instagram y TikTok se han convertido en escaparates de sonrisas perfectas, tratamientos rápidos y sorprendentes comparativas de los antes y después de un tratamiento ortodóncico. Sin embargo, la popularidad de estos contenidos no siempre va acompañada de rigor científico. La ortodoncia es uno de los ámbitos en los que esta diferencia puede influir en las expectativas de los pacientes y en sus decisiones sobre salud bucodental.
«Un vídeo con millones de visualizaciones no significa necesariamente que lo que cuenta sea correcto», advierte Juan Carlos Pérez Varela, director médico de la Clínica MAEX de Santiago. El especialista reconoce que las redes sociales han contribuido a acercar la ortodoncia a la sociedad, pero también pueden transmitir una visión excesivamente simplificada de los tratamientos: <<la idea de que cualquier problema se soluciona con alineadores transparentes, que basta con unos pocos meses o que conseguir unos dientes rectos equivale a lograr un buen resultado clínico no siempre se corresponde con la realidadde todos los casos>> explica el Doctor Pérez Varela.
La evidencia científica pone de manifiesto la necesidad de abordar este problema. Una revisión sistemática publicada en 2024 en The Journal of the American Dental Association, que analizó 22 estudios sobre información ortodóncica en redes sociales, concluyó que gran parte del contenido evaluado presentaba una calidad insuficiente, con carencias de rigor científico, precisión y respaldo en fuentes fiables.


Un millón de visualizaciones no convierte un consejo de salud en una verdad científica
La distancia entre popularidad y calidad informativa también se observa en TikTok. Un
estudio publicado en 2022 en International Orthodontics analizó 117 vídeos sobre alineadores transparentes que acumulaban más de 300 millones de visualizaciones. La puntuación media de información fue de apenas 1,85 sobre 8, mientras que la fiabilidad obtuvo una media de 1,8 sobre 5 mediante la escala DISCERN, una herramienta para evaluar la calidad de la información sanitaria.
El 54,7 % de los vídeos se consideró ligeramente útil y el 26,5 % no útil. Para Pérez Varela, el principal problema es que un vídeo breve puede mostrar un resultado
llamativo sin explicar las condiciones necesarias para conseguirlo. «Una fotografía puede enseñarnos una sonrisa bonita, pero no nos dice si esa boca está sana, si la mordida funciona bien o si el resultado se mantendrá con el tiempo», señala.
En esos contenidos suelen quedar fuera cuestiones fundamentales: el estado inicial de la dentición, la relación entre los dientes y los maxilares, la salud de las encías, la duración real del tratamiento, las posibles dificultades durante el proceso y la necesidad de controles profesionales.
«No sabemos cómo estaba la mordida, qué problemas tenía el paciente, cuánto tiempo duró el tratamiento o qué dificultades aparecieron», explica el director médico de MAEX Santiago. El especialista insiste en que el objetivo de la ortodoncia no debe limitarse a la estética. También es necesario valorar la función masticatoria, la salud bucodental y la estabilidad de los resultados.


Cuando el paciente llega a consulta con el tratamiento elegido
La influencia de las redes sociales no termina en la pantalla. También puede condicionar la manera en que los pacientes se acercan a la consulta y plantean sus expectativas.
Una revisión sistemática publicada en 2026, titulada The Impact of Orthodontic Related Social Media Content on Patients’ Willingness to Initiate Treatment: A Systematic Review, examinó la evidencia disponible sobre la influencia de los contenidos relacionados con ortodoncia en la disposición a iniciar un tratamiento. De los 1.243 registros identificados
inicialmente, solo ocho estudios cumplieron los criterios de inclusión. Entre sus conclusiones, los autores señalaron que los contenidos visuales centrados en los resultados, especialment las fotografías del antes y el después, se asociaban con una mayor disposición a buscar tratamiento. Instagram aparecía como la plataforma con mayor influencia entre los estudios incluidos.
Pérez Varela confirma que este fenómeno ya se aprecia en la práctica clínica. «Antes, lo habitual era que una persona acudiera a la consulta porque quería mejorar sus dientes o porque su dentista le recomendaba un tratamiento. Ahora muchos pacientes llegan diciendo directamente: “Quiero ponerme alineadores transparentes”, incluso antes de saber qué problema tienen realmente».
El especialista considera positivo que los pacientes se interesen por las opciones disponibles y participen activamente en las decisiones sobre su salud. No obstante, recuerda que el tratamiento visto en redes no tiene por qué ser el más adecuado para cada persona.
«El paciente puede venir con una idea de cómo quiere tratarse, pero nuestra responsabilidad como profesionales es explicarle qué necesita realmente y cuál es la mejor opción para él», afirma.
Los alineadores transparentes han ampliado las posibilidades terapéuticas, pero su idoneidad depende de un diagnóstico preciso, una planificación individualizada y un seguimiento adecuado. El tipo de aparato, por sí solo, no garantiza el éxito.
«No es el aparato lo que determina el éxito de una ortodoncia, sino el diagnóstico y la
planificación del tratamiento», resume Pérez Varela.


El mito de que los dientes quedan alineados para siempre
Otro de los errores más extendidos es pensar que la ortodoncia termina cuando se retiran los brackets o se dejan de utilizar los alineadores. En realidad, los dientes pueden cambiar de posición a lo largo de la vida, incluso después de haber completado correctamente el tratamiento.
Una revisión sistemática Cochrane publicada en 2023, que incluyó 47 estudios y 4.377
pacientes, analizó los procedimientos de retención destinados a estabilizar la posición dental después de la ortodoncia. La revisión respalda la importancia de la retención para reducir el riesgo de recaída, aunque señala que la evidencia disponible sobre cuál es la mejor estrategia presenta una calidad baja o muy baja.
Tras el tratamiento, los tejidos que rodean los dientes necesitan adaptarse a su nueva posición.
Además, el envejecimiento natural y otros cambios a lo largo de la vida pueden favorecer nuevos desplazamientos.
«La ortodoncia no termina el día que retiramos los brackets o dejamos de utilizar los
alineadores. Mantener el resultado es tan importante como conseguirlo», explica el
especialista. ¿Significa esto que los pacientes deben utilizar retenedores durante toda la vida? Según Pérez Varela, si se quiere mantener la alineación durante muchos años, lo recomendable es conservar alguna forma de retención a largo plazo, adaptada a cada caso. Esto no implica necesariamente llevar un aparato durante todo el día: existen opciones de uso nocturno y retenedores fijos, como los alambres colocados en la cara interna de los dientes.
El especialista considera fundamental explicar esta fase desde el principio del tratamiento para que el paciente tenga expectativas realistas sobre el mantenimiento de los resultados.


Redes sociales sí, pero con información contrastada
La solución, según Pérez Varela, no pasa por rechazar las redes sociales, sino por utilizarlas como una herramienta de divulgación y no como sustituto de una valoración clínica.
Las plataformas digitales permiten descubrir tratamientos, conocer experiencias y plantear preguntas que después pueden resolverse en consulta. Sin embargo, un resultado estético aislado no permite determinar si un procedimiento es adecuado para otra persona. Ante un contenido sobre ortodoncia, conviene comprobar quién lo publica, si aporta fuentes fiables y si diferencia entre una experiencia individual y una recomendación aplicable a otros pacientes. También es importante desconfiar de las promesas de resultados garantizados o de tratamientos rápidos presentados como universales.
«Las redes sociales deben servir para informar, despertar interés y acercar la ortodoncia a la sociedad, pero nunca para sustituir un diagnóstico realizado por un profesional cualificado», concluye Pérez Varela.
En un entorno en el que la imagen tiene cada vez más peso en las decisiones sobre salud, el reto consiste en que las expectativas generadas por las redes no eclipsen lo esencial: cada boca es diferente y un tratamiento adecuado empieza por un buen diagnóstico.

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