¿Qué significa realmente hacer la compra cuando el cuerpo no responde igual, la vista falla o moverse entre pasillos se convierte en un desafío? Esa es la pregunta que guía una iniciativa de sensibilización impulsada por Cruz Roja, que propone a trabajadores de supermercados vivir, durante unos minutos, la experiencia de tener 80 años. La compañía gallega de distribución alimentaria Vegalsa-
Eroski y Cruz Roja refuerzan el modelo de tienda inclusiva a favor de las personas mayores en su red de establecimientos. Lo buscan a través de unas jornadas de sensibilización de los equipos de tiendas basadas en el ‘Decálogo de Buenas Prácticas de Atención a Personas Mayores’, un trabajo elaborado por Cruz Roja y que ya se implantó con éxito el pasado año en los 92 establecimientos Eroski Center de Galicia.

Lejos de una formación teórica, la clave está en sentir. Los participantes se colocan un traje que limita la movilidad, reduce la agudeza visual y simula patologías asociadas al envejecimiento. Con él, recorren la tienda, intentan leer etiquetas, alcanzar productos o desplazarse entre secciones. Lo cotidiano se vuelve complejo: coger una barra de pan, elegir fruta o simplemente orientarse en el espacio exige esfuerzo, paciencia y, en muchos casos, ayuda.
La experiencia no busca dramatizar, sino generar empatía. Comprender desde dentro cómo pequeñas barreras —un cartel poco legible, un pasillo estrecho o una comunicación poco clara— pueden convertirse en obstáculos reales. Es ahí donde emerge el objetivo principal: combatir el edadismo desde la práctica diaria.
Estas sesiones forman parte de un programa más amplio que incluye un ‘Decálogo de Buenas Prácticas de Atención a Personas Mayores’, elaborado a partir del conocimiento de Cruz Roja y del estudio sobre hábitos de compra del colectivo sénior en Galicia. Entre sus recomendaciones destacan la importancia de una comunicación clara, la escucha activa, el respeto a la autonomía y la necesidad de evitar actitudes paternalistas o generalizaciones.
Los supermercados de proximidad, presentes en la rutina de muchas personas mayores, se convierten así en un escenario clave para impulsar cambios sociales. Más allá de la accesibilidad física, el foco está en la actitud: ofrecer ayuda sin invadir, acompañar sin imponer y entender que cada cliente tiene necesidades distintas.
La iniciativa pone sobre la mesa una idea sencilla pero poderosa: para construir espacios verdaderamente inclusivos, primero hay que ser capaz de mirar —y sentir— desde la perspectiva de los demás.






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